El inicio.

Alegría Macarena nace de algo muy simple y muy profundo: mi amor por los perros.

Desde que tengo memoria, los perros (y animales en general) han sido mi lugar seguro. Siempre me han parecido los seres más hermosos, nobles y especiales del mundo. Su forma de amar, sin condiciones, sin juicios - marcó mi manera de ver la vida. Desde pequeña sentí una conexión especial con ellos, una sensibilidad que con los años se transformó en propósito.

Hubo una etapa de mi vida marcada por dos nombres: Potter y Baloo.

Crecí con ellos. Los aprendí a cuidar, a reírme de sus necedades, y a defenderlos ante la cantaleta del papá como si fueran mis hermanos.

Fueron parte de mi infancia, de mi casa y de mi forma de ver a los perros como miembros la familia.

12 años después, y como pasa con quienes se quedan tanto en la vida de uno, llegó el momento de despedirlos. Se fueron por viejitos, pero su ausencia dejó un vacío enorme. Un dolor difícil de explicar, que solo quienes han crecido con perros entienden.

Fue en esa etapa (entre la pérdida y la tristeza tan inmensa que sentía) cuando llegó Alegría.

Llegó con su ternura infinita, sus saludos desmedidos, su compañía constante y esa capacidad tan especial que tienen los perros de volver a encender la luz sin pedir nada a cambio.

Ser mamá de Alegría transformó muchas cosas en mí.

Con ella empezó a tomar forma una idea que ya llevaba tiempo viviendo en mi cabeza, una idea que incluso ya tenía nombre: Alegría Macarena.

Emocionada por emprender este proyecto, convencí a mi mamá, mi socia, quien creyó desde el primer momento y se sumó sin dudarlo (tal como lo ha hecho con todos nuestros sueños). Ella es quien hace realidad los productos y las ideas que viven en mi cabeza, transformándolas en piezas tangibles y espectaculares.

Luego, juntas, convencimos a mi papá y a mi hermano de sumarse también. Así, Alegría Macarena se convirtió en un proyecto y sueño de familia.

Mis papás y mi hermano han sido quienes me han enseñado a soñar en grande, a confiar y a entender que nada me queda grande cuando hay amor, trabajo y respaldo.

Mientras sembrabamos las primeras semillitas de la marca, atravesé un momento emocionalmente difícil. Y como mis papás saben que los perros son, sin duda, lo que más felicidad me da en el mundo, tomaron una decisión desde el amor: traer a Macarena a nuestra casa.

Macarena llegó para mostrarme, una vez más, el caminito. Para recordarme la presencia, la diversión y la felicidad de lo simple.

Llegó para completar algo que ya estaba latiendo.

Así, Alegría y Macarena no solo se convirtieron en parte de mi vida, sino en el corazón de esta historia.

Alegría Macarena nace de ellas.

De los perros que me enseñaron a amar, a soltar y a volver a empezar.

Y del deseo profundo de expresar al mundo que la felicidad está en compartir con quienes nos aman incondicionalmente...

y esos momentos son, en sí mismos, pura Alegría Macarena.